Respirar para mejorar las relaciones laborales

Muy a menudo me preguntan cómo he conseguido la magia que hay dentro de mi equipo. Y solo puedo decirte que el gran secreto es RESPIRAR.

Sí sí. Para mí el secreto en toda relación (porque la relación laboral es una relación entre personas también, la empresa es un ser emocional) es respirar. Cosa que te sitúa a ti mismo como líder, responsable y como la primera piedra de toda relación (ya sabes que en el libro Liderar en femenino… hablo del trabajo del yo y del nosotros).

Verás.

En el mundo centrifugado en el que vivimos no tenemos tiempo para nada, ni para respirar. Así que cualquier pensamiento, emoción… la lanzamos, sin más: sin filtrar, sin medir las consecuencias, sin ver la raíz de eso que estamos diciendo. Cuando actuamos así, los demás se convierten en nuestro parachoque emocional, como obligados a tener que gestionarnos a la brava, “asalvajados”, perdiendo(nos) nuestra mejor versión. 

¿Resultado?

El no-aire genera más miedo, y separación entre nosotros, con un individualismo mal entendido que nos fragmenta a todos y nos impide integrar a los demás en nuestra vida.

Cuando me preguntan qué es para mí la felicidad o el éxito, es poder estar en paz. Y en este mundo centrifugado no estamos en paz porque solo reaccionamos, saltándonos el paso de respirar.
Pero la vida no va de reaccionar, va de ser.
Igual que la vida no va de hacer grandes cosas, sino de hacer grandes las pequeñas, para nosotros y para los demás (porque sí, tenemos una responsabilidad en relación a nuestro entorno).

Como te decía, sin respirar nos ahogamos, no solo en el sentido físico, sino también emocional y espiritual: perdemos nuestra persona, se dispara el ego y nos convertimos en jueces de verdades absolutas: “que si a esto le doy un like y a esto un dislike…”. Cuando, la mayoría de nosotros, somos buenas personas intentando hacer las cosas tan bien como podemos y sabemos, a la vez que vamos superando nuestros propios miedos. Hemos sucumbido a la cultura de la queja, a la cultura del “te quiero, pero solo un roto o un trocito de ti”, del “sí, pero con condiciones constantes”, cuando, en realidad, nuestros reproches son los frutos amargos de nuestra carencias -lo sé, es incómodo de narices el autoexamen-. La cultura, también, del perfeccionismo narcicista e individual que, a menudo, encierra una herida infantil relacionada con la idea de que, si no eras perfecto, no te querrían. Ojalá pudiera hablar con ese pequeño tú para decirle que el remedio a todo es humanizar y normalizar las cosas, hacerlas con amor, y lo demás viene.

Pero no. Y así, sin respirar, vamos creando un falso Pinterest emocional empujados por una felicidad obligatoria, viviendo descafeinados.

Y creyéndonos, además, que podemos cambiar como pequeños dioses todas las personas y situaciones. Pues no, a mí no me funciona. Con la edad voy viendo que la cosa va de aceptar, querer a la gente tal y como es y, sino, soltar esa situación, sin empujar a nadie a un cambio que no desea, porque cada uno es tozudo con ser quien es.

Sin respirar, estamos enfadados, con rabia. Como si el otro fuera el responsable de respirar por nosotros y gestionar nuestras emociones y situaciones.

Sin respirar, no podemos sentir. Y evitamos implicarnos en el trabajo (“el jefe no me puede caer bien”, “los compañeros de trabajo son compañeros y ya”) y en la vida, tenemos miedo de ir con el corazón abierto por el mundo. Ahogados, el miedo crece, y es cuando evitamos sentir, para no sufrir. Cuando en realidad el “sufrir” es menos sufrir cuando tomas aire, porque el aire trae perspectiva y actitud.

Y si eres de los que piensa que la vida es una jungla, te invito a respirar dos veces, porque de ti también depende que cambie de tono esta jungla.

Lo sé: respirar antes de actuar no es fácil, ni sexy, ni la solución rápida, al igual que la mayoría de cosas buenas de la vida. Pero yo seguiré con mi mantra: “Respira > Abrázate > Mira a los ojos del otro > Y vuelve a respirar”. Con una dosis extra de humor, agradecimiento y dulzura que, al final y al cabo, son gratis.

Así que no hay más secreto que este en mi empresa, respirar, algo que intento aplicar en todas las relaciones de mi vida: con amigos, con familia…

Aprovecho toda esta reflexión sobre las relaciones para recordarte que tenemos abiertas las inscripciones para la próxima edición del Mentoring Club, con un formato distinto y precio reducido, pensado para familias numerosas y monoparentales posar enllaç al mentoring club. Entre todos, sumaremos fuerzas y haremos piña, respirando, para poner al día tu empresa.

Un abrazo,
Txell

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